MANIFIESTO 2020
CINE QUE MIRA PA DENTRO 



El cine, como todo arte, puede ser creado y apreciado desde diferentes puntos de vista. Todo cine puede producir obras de gran contenido y estética desde diferentes puntos de vista, siendo que en una sociedad coexisten pensamientos y referencias heterogéneas.

Para que el cine se desarrolle no solo es necesario una ley que le regule, fondos que le auspicien, formación para sus creadores, y actividades de exhibición como lo son los festivales. Todo ello es indispensable, pero hay otros aspectos sociales y culturales que debemos considerar para construir un cine que haga historia, más allá de sus logros y reconocimientos internacionales o porque es locación de producciones extranjeras. También es importante pensarnos un cine que mire hacia lo interno de esta sociedad; que contemple las verdades que necesiten ser contadas y se atreva con los mitos que deban ser derribados; un cine de lenguaje y estética propia; un cine comprometido, sincero, que no tema mostrarnos cómo somos. Para lograrlo hace falta que todos los involucrados lleguemos a acuerdos, pero lamentablemente en nuestro cine ronda la falta de transparencia, la competencia desleal, el amiguismo, el oportunismo; y lo que es peor aún, la falta de una práctica democrática y participativa en donde todos los grupos que hacen cine tengan representatividad, voz y voto en la edificación de su porvenir como industria.

Cómo nos encanta hablar de democracia, pero qué difícil nos es como sociedad llevarla a la práctica en los hogares, en los barrios, en nuestros sitios de trabajo, en las comunidades donde vivimos, en nuestros gremios. Nos falta mucha madurez y reflexión para subsanar estas mentalidades y sus prácticas anacrónicas pues con ello corremos el riesgo de no hacer nuestro trabajo y de olvidar al espectador, sobre todo al espectador local, cuando el fin último debería ser tocar su alma, su mente, su conciencia. El espectador es mucho más que un número de taquilla.

El gremio y las autoridades de cine tienen muchos retos por delante, y en este sentido las autoridades están obligadas a escuchar a todos los grupos que componen el sector por igual, a respetar y hacer respetar la diversidad temática, de historias, de puntos de vista sobre cómo el cineasta panameño busca retratar o representar a la sociedad en la que vive y el tipo de cine que quiere hacer. Tienen el reto de ser amplios, críticos, abiertos, equitativos, transparentes; sin privilegiar ni preferir y mucho menos imponer un enfoque único.

Lamentable es también que, después de 6 ediciones consecutivas del Festival Panalandia, ninguna autoridad de cine haya querido participar, así como tampoco entienden o quieren entender a qué nos referimos con cine pobre. Lástima, porque todo cine hecho por panameños o extranjeros en Panamá, forma parte de la historia del cine panameño, y Panalandia ha recibido en sus 6 ediciones no menos de 700 producciones desde provincias y comarcas. Una autoridad es mucho más que un cargo público que cumple la ley y sus regulaciones, también es el deber y la responsabilidad de conocer, escuchar y trabajar con amplitud y dedicación, con todos los actores que componen el sector cinematográfico.

Si esta manifestación cinematográfica no es importante para las autoridades y el gremio local, entonces a Panalandia le corresponde buscar caminos alternativos que le permitan ser leal con su oferta, a un público que busca un cine en donde mirarse y sentirse identificado al mismo tiempo que disfruta; un espacio en donde construir un lenguaje propio y un pensamiento crítico; ser fieles a la filosofía de hacer visible lo invisible; al pacto de valorar la historia y el tema por encima de la tecnología; de escuchar y dar vida a esas historias cotidianas que abundan y exigen ser contadas.

Buscando esas respuestas es que Panalandia 2020 se traslada a Coclé, a su capital Penonomé. Confiados estamos en que los Artesanos, un grupo de jóvenes cineastas, artistas y activistas penonomeños, quienes desde 2015 celebran el festival en su provincia, perfeccionen con nosotros el modelo inclusivo de festival que siempre hemos luchado por tener aun sin la comprensión de nuestras autoridades y de muchos compañeros de gremio. Los Artesanos, que están llenos de vida, de historias, de montañas, de leyendas, de ríos, de un alto grado de consciencia ecológica y cultural, harán de Panalandia 2020 un ejemplo de lo que es respetar los puntos de vista, los enfoques, las historias de un cine que debe mirarnos a todos por igual.


Habla Penonomé

El auge de toda industria, como todo aquello que comienza, camina a pasos cortos; y en el caso del cine panameño hemos visto que, la actividad cinematográfica se ha centralizado, así como las historias y sus personajes, en la capital del país. El Festival de Cine Pobre Panalandia, se ha constituido en una iniciativa que busca desarrollar una forma de hacer un cine que contemple las herramientas disponibles, sin grandes cámaras ni pretensiones, con muy poco presupuesto, donde lo importante es que prevalezca la capacidad del cineasta como buen narrador; descentralizando la actividad para abrir las puertas a tantas voces y comunidades como sea posible.

Los tiempos ofrecen y demandan nuevas herramientas, nuevas alternativas que nos dan la oportunidad de seguir documentando y retratando a nuestro pueblo y a su gente. Es por esto que en Panalandia encontramos una ventana para que los penonomeños estemos representados. Es un espacio que nos permite hacer visible nuestras inquietudes, quejas, inconformidades, contradicciones, lamentos y alegrías. Panalandia es un formador de públicos, un semillero de talentos.

Como organizadores de Panalandia 2020, creemos que, dando la oportunidad a este tipo de iniciativas podremos ir formando un grupo de personas que aprecie el talento, la técnica y estética de narrar historias propias y aún más importante, de poder ver historias que hagan cuestionar nuestra mirada, de sensibilizarnos por la realidad física y abstracta del otro, y al poder visionar una selección variada de películas y cortometrajes, hacernos de una mirada más amplia y crítica de la realidad panameña. A su vez es un espacio de encuentro para que la comunidad pueda forjar una mejor convivencia y poder debatir nuestros aciertos e infortunios de manera solidaria.

El público de Penonomé seguro reaccionará de manera positiva, ya que por medio de la docencia que como grupo hemos aportado durante 5 ediciones del festival, los penonomeños ya tenemos claro lo que el festival quiere promover, y se sienten identificados. Este es un pueblo dado al asombro, que cuestiona y reflexiona.

Panalandia en Penonomé representa una ventana de múltiples oportunidades recíprocas entre el festival y el público. El público, además de sentirse parte de esta manifestación sociocultural, obtendría una perspectiva diferente, mucho más cercana, accesible y alcanzable, que incluso puede llevarles a pensarse como creadores y no solo como espectadores. Vemos a jóvenes y a adultos valorando y reconociendo el poder del Cine Pobre, su capacidad de romper barreras y mostrar realidades sin alfombra roja, con ese sentido de pertenencia que les haga apropiarse y querer ser parte.

Coclé se encuentra en el centro del país y esto representa una nueva posibilidad para otras provincias, en donde con seguridad hay muchas personas con sed de actividades como este festival. Será un giro de 180º, un ambiente totalmente diferente, rodeados de naturaleza, de raíces históricas y culturales que nos unen a todos.

Mark