EL DESTAPE DE LO OBVIO 



Morfológicamente, independencia es una palabra de raíces latina, y significa “la acción y efecto de no estar bajo la acción de otro”. Sus componentes léxicos son: el prefijo -in (negación),  dependere (estar bajo la voluntad de otro) y el sufijo ia, que se refiere a cualidad. En política, se refiere a un Estado que no depende de otro, que goza de libertad política, económica y administrativa. A nivel personal, la capacidad de actuar, de tomar decisiones y valernos por nosotros mismos.


El próximo 28 de noviembre de 2021, se conmemoran 200 años de la Independencia de Panamá de España. Al analizar en detalle cómo ocurrió este hecho, el contenido del acta, sus objetivos, y quiénes formaron parte de la Junta de Gobierno, nos podríamos preguntar si realmente se alcanzó la independencia o cómo es esta independencia que nos heredaron.


De acuerdo al historiador panameño Rommel Escarreola, a nuestra historia oficial aún le queda por reconocer y narrar muchos sucesos históricos, y en este caso concreto dar voz a las luchas populares de emancipación que se desarrollaron durante las primeras décadas del siglo IX. Luchas y liderazgos conscientes de que más allá de lo político-militar como factor de dominación, también era importante erradicar el modelo económico, social y cultural de la colonia, una visión que no era compartida por la Junta de Gobierno que primero proclama la independencia ese 28 de noviembre para luego unirse voluntariamente a la Gran Colombia.


Como un festival que busca crear un movimiento de cineastas sociales y comunitarios, Panalandia 2021 propone que reflexionemos si realmente somos un país independiente, una sociedad independiente, conformada por una ciudadanía poseedora de pensamientos libres e independientes, y de no serlo, preguntarnos ¿de qué o de quiénes tendríamos que independizarnos?


Y a escasos meses de conmemorar 200 años de esa independencia, llegó el Covid-19 y cual arqueólogo profesional destapó lo obvio: nuestro espejismo pretencioso de desarrollo pujante; a grandes mayorías empobrecidas y marginadas por una secuencia interminable de gobiernos que no hablan de personas sino de dinero, que disminuyen el gasto social y mercantilizan los recursos naturales y humanos; a un poder económico y político en mano de unas pocas familias, estratégicamente organizadas en partidos tradicionales y de creación reciente, quienes históricamente han protegido sus intereses de clase por encima de los de las grandes mayorías. También hemos visto a autoridades que indirectamente responsabilizan y hacen llamados de alerta a las poblaciones de Curundú, el Chorrillo, San Miguelito, la 24 de Diciembre, Pedregal, por los altos índices de contagios, como si el problema fuera el Covid y no las condiciones históricas de pobreza y extrema pobreza que la pandemia destapó.


¿Y las consecuencias del espejismo? Muchas. Hemos visto un sistema de salud y un sistema educativo obsoletos; la expansión del trabajo informal; denuncias constantes de corrupción entre adversarios políticos, en una muy mal disimulada precampaña electoral. ¿Y nosotres, las mayorías? Abusamos de salvoconductos laborales, hacemos fiestas, desconocemos el valor de la solidaridad, de la colectividad y de la organización comunitaria para insertarnos en la vida política del país. 


¿Y cuál será el significado de aquello que han llamado nueva normalidad? Si es que para las grandes mayorías alguna vez hubo normalidad. En todo caso, sería de gran valor desmantelar esa normalidad injusta e inaceptable que hemos vivido por tantos siglos, que nos ha restado la posibilidad de ser unos individuos independientes de pensamiento para construir una nueva sociedad.


Ciertamente el cine puede llegar a ser el reflejo de la realidad, pero para que así sea tiene que ser independiente como modelo cultural y como modelo de industria. En cuanto al modelo cultural es importante que además de reconectarnos con nuestras historias y nuestros personajes, se descentralice la práctica cinematográfica y qué pensemos qué es eso que llamamos cine panameño. Por esto, desde la plataforma que nos brinda Panalandia se ha trabajado en la creación de núcleos de cineastas emergentes en varios puntos de la república y durante los últimos dos años con el grupo Artesano de Coclé.


Y así, ante el destape de lo obvio y el inevitable desplome de nuestros mitos y espejismos históricos de independencia y de bonanza económica, la búsqueda que nos planteamos es la generación de un pensamiento independiente que configure un cine auténtico desde sus raíces. Como ciudadanos, con romper de raíz con los enunciados sociales y culturales de una estructura colonial que en 1821 pasó de manos españolas a manos de un nuevo poder criollo y de sus actuales herederos que siguen rigiendo nuestra política económica, social y cultural.


Mientras más grave se haga el problema, más difícil será su solución. Y ojo, porque a cada mito que cae, se destapa lo obvio y no hay pandemia que lo aguante.